| La Seda | ||||||||||||||||||
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Relacionamos algunos artesanos de la Seda: Taller de Seda Dña Maruca 922-485692 El Paso Antonio Bermúdez Pérez 922-485532 El Paso Mª Cesárea García Cabrera 922-440465 Villa de Mazo Rosario Alvarez Lorenzo 922-434574 Breña Baja
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El mismo brillo y la misma magia que atraían la vista y el tacto en los finos hilos del antiguo Celeste Imperio donde nació se mantienen, transcurridos miles de años, en la seda artesana de La Palma Con la incorporación, en 1493, de la isla a la Corona de Castilla, llegan procedentes de Portugal y Andalucía las técnicas textiles imperiales en la época. Durante centurias, la actividad sedera fue en aumento, paralela al desarrollo económico isleño, delque formaba parte sustancial, constituyéndose , junto al azúcar, en uno de los elementos fundamentales del intercambio comercial con la Península e incluso con el lejano Flandes. No en vano el puerto de Santa Cruz de La Palma, la capital, llegó a ser en esa época el tercero del imperio de los Austrias, junto a los de Sevilla y Amberes; y no en vano tampoco la abrumadora presencia del arte flamenco ( en forma de imaginería y pintura religiosa, fundamentalmente ) en La Palma, que por fortuna todavía subsiste, vino de la mano de ricos colonos que vieron, entre otros atractivos económicos, la producción sedera como una de las razones para su establecimiento en tan lejanas tierras. Sin embarco, esta boyante actividad empezó a decaer a finales del siglo XVIII. El comisionado regio para estadística, Francisco Escolar y Serrano, apuntaba en aquel momento que el motivo de su inicial decadencia era "el uso grande que hacen los isleños del algodón para vestir". Aún así, a mediados del XIX se establece en la capital una fábrica textil con las técnicas y los instrumentos más avanzados; entre ellos, una máquina de madera y tracción humana que, con 24 cabezales, preparaba la seda para exportarla en madejas a Lyon ( Francia ). Esta máquina torcedora se conserva en el Museo Insular, ubicado en el antiguo convento de San Francisco, en Santa Cruz de La Palma. Cinco siglos después, sin embargo, el tiempo parece haberse detenido en la artesanía de la seda y hoy su proceso, totalmente manual, que comienza con la crianza del gusano y consta de más de doce pasos diferentes hasta logra la pieza deseada, es único en Europa. Los telares, a dos o a cuatro lizos, tejen puntos de tafetán, gabardina, cordoncillo y palma, o espiga. Los tintes naturales se perdieron a principios de siglo, manteniéndose sólo el de cáscara de almendra, hasta que a mediados de los años ochenta se recuperaron otras muchas materias tintóreas: gualda (amarillos), cochinilla (rojos, granates y rosas), eucalipto (grises) y nuez (marrones), entre otras. Estos colores, elaborados con los productos naturales de la variada flora de una isla que cuenta con más de ochenta plantas endémicas, han proporcionado un nuevo impulso al trabajo de los artesanos. La seda sigue hoy hilándose ( o sacándose; sacar seda, se dice en la isla ) mediante un sistema propio de hilanderas medievales. En una caldera de cobre puesta al fuego, y cuando el agua está en su punto de ebullición, se introducen los capullos, los cuales, ayudados por el agua caliente, van aflojando el hilo continuo que los envuelve; la artesana ( normalmente es una mujer quien lo hace) tira de ellos con una escobilla de brezo, llevándolos a un torno manual, en el que acaba convirtiéndose en madejas. A partir de este punto se continúa con el primer devanado; se limpia y atan los cortes para obtener un hilo continuo en la zarja, donde se van haciendo, por grosores que determina el tacto, fajas ( hilo continuo de unas mismas características ) paralelas. De la zarja se sacan, por medio de una redina, dos o más hebras, llenándose los cañones ( trozos de caña ). Después se procede al torcido, que consiste en hacer girar manualmente dos husos, que llevan varias hebras y penden verticalmente de sendas alcayatas fijadas en el techo. Este último paso aparece ya, de forma semejante, en las labores textiles egipcias, reflejadas en tumbas del año 1900 antes de Cristo. Una vez torcida, la seda se traslada a un torno más pequeño, donde se hacen madejas que se hierven con agua y jabón, para quitarles la aspereza; descrudada la materia prima, su brillo y agradable textura quedan al descubierto. Entonces, si procede ( gran partet se trabaja en su color ), se tiñe con tintes naturales. Todavía en madejas, la seda tiene que volver a unos cañones ( útil de caña donde se envuelve ) para hacer la urdimbre en un urdidor de pared. La trenza de ahí resultante pasa al sentado ( tensado ) definitivo en el telar donde, después de estar bien templados los hilos, empieza la tejiduría. A menudo, eso es lo único que ve el visitante que llega al taller de seda; lo demás, queda en la memoria más profunda de quienes lo protagonizan. Y, en este caso, en sus muy trabajados brazos y espaldas. Del telar salen tocas y bandas ( fajas ) para el traje tradicional, fulares, chales, pañuelos de bolsillo, corbatas, y metros y metros de un mágico tejido que acabará convirtiéndose en trajes, camisas o blusas para deleite de sus privilegiados poseedores.
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