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El diablo
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La gente, embelecada en la verbena en la madrugada del 8 de septiembre, espera con impaciencia en la plaza de Candelaria en Tijarafe, junto a la iglesia, la irrupción del diablo, que llega sigilosamente. Luego, estalla en fuego y colores, en estruendo, música y olores de fiesta. Cientos de voladores y fuegos artificiales de todo tipo van saliendo de su cuerpo antaño de lata y ahora de fibra, pintado de negro. Dentro, un experto voluntario tijarafero lo baila al son de la misma orquesta que animaba la verbena. Todo son carreras. Sin embargo, el diablo no logra vencer: una vez quemada la cabeza, termina apagado en su totalidad, y emprende la huida. Un año más la Virgen ha triunfado sobre el mal. Los orígenes más remotos del diablo, según investigaciones de José Luis García Francisco, datan de la primer década de este siglo y están ligados a un personaje llamado Cataclismo. Posteriormente, los tijaraferos Antonio Cruz, Pedro Brito y Orosio Martín crearon el diablo, bailándolo por primera vez a comienzos de los años veinte. El armazón era de madera y cañas, forrado con tela de sacos y sujeto por arcos, recubriéndolo con una lechada de cal para protegerlo del fuego. Más tarde llegó el pelele Sinforiano, a modo de una figura humana sobre un barril que permanecía fijo en el suelo, y desde el cual una persona movía por medio de unos hilos la mano de Sinforiano y , aprovechando el puro encendido - en realidad, una bengala - que llevaba en la boca, iba prendiendo los voladores colocados en cada dedo, para concluir con una gran descarga de los situados en su cabeza.
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El contenido sobre las fiestas está extraído del folleto informativo publicado por el Patronato de Turismo de Excmo. Cabildo Insular de La Palma en su primera edición en 1998; con textos de Mª Victoria Hernández. |
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