Semana Santa

 

 


 Vamos a descubrir algunas tradiciones de la Semana Santa palmera , esta vez de Tijarafe Y San Andrés y Sauces

Cuando en la misa de Pascua se entona el Gloria, cae en la iglesia de Nuestra Señora de Candelaria, en Tijarafe, el telón negro que oculta su magnifico retablo barroco, apareciendo la imagen de Jesús Resucitado; en ese mismo momento, se abren las puertas en medio de un gran estruendo, repican las campanas en la espadaña, resuena el tambor ( que aquí llaman caja de guerra ), mientras un grupo de jóvenes presidido por un estandarte irrumpe corriendo en el templo, arrojando pétalos de flores a los feligreses. Al llegar al altar mayor se arrodillan, culminando así su alegre y bulliciosa expresión de Aleluya.

En la tarde del domingo de Resurrección la procesión del encuentro, con Cristo Resucitado, recorre las empedradas calles de Tijarafe. Por diferentes caminos van las santas mujeres y San Juan, acompañando a la Virgen. Los primeros se adelantan al comprobar que Jesús, su amigo y maestro ha resucitado. Cuando llegan ante El , los portadores de los pasos le hacen tres venias ( genuflexiones ), girando inmediatamente a San Juan para emprender una veloz carrera hacia la Virgen, para darle la buena nueva.

Tras el encuentro de la Virgen con su Hijo, después de dos venias y una tercera en la que el sacerdote aprovecha para sacar del pecho de la imagen de María la daga de plata, símbolo de su dolor, el riguroso silencio que hasta entonces envolvía la procesión se rompe con el sonido del tambor y  las campanas, que comienzan a tocar a gloria.

En San Andrés ( San Andrés y Sauces ), después de la misa del Domingo de Resurrección, hacia el mediodía, se repite un encuentro similar al de Tijarafe, tras el cual continúa la procesión hasta la iglesia, acompañada por los fieles y niños con ramos de gacios, planta silvestre de flores amarillas. Terminada la procesión, los niños hacen un pasillo frente a la puerta de la iglesia y aguardan, armados con los gacios, la salida del cura, a quien reciben con gran griterío y fustigan con la planta, obligándole a protegerse  con las manos la cabeza y a emprender una veloz huida, para refugiarse en la casa parroquial. Una vez allí, las ventanas se abren y el sacerdote comienza  lanzar a los niños monedas, caramelos y estampas, que los pequeños recogen con alborozo y alguna que otra pelea.
 

 

           

 

El contenido sobre las fiestas está extraído del folleto informativo publicado por el Patronato de Turismo de Excmo. Cabildo Insular de La Palma en su primera edición en 1998; con textos de Mª Victoria Hernández.

 

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