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María Liberata de Ghisla
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Era el año de 1806. Las dos campanas de la torre de la iglesia de San Andrés (la grande y la chica), en el actual municipio de San Andrés y Sauces, doblaban a agonía, lamento y muerte por María Liberata de Guisla. De ilustre y rica cuna, su hermano Juan Domingo destacó en la guerra de Italia donde fue herido, de regreso a La Palma, desempeñó el cargo de regidor perpetuo de la isla. La corona le concedió el título de marqués de Guisla y Ghiselín y su otro hermano Carlos José fue el segundo marqués heredando los importantes mayorazgos de la familia. María Liberata de Guisla y Salazar de Frías se casó en 1776 con Domingo Van de Walle de Cervellón. También fue, como sus cuñados, regidor perpetuo de la isla, Alguacil Mayor del Santo Oficio de la Inquisición, fundador de la Sociedad Amigos del País de Santa Cruz de La Palma y amigo de correrías del célebre vizconde de Buen Paso. En 1752 descubrió las inscripcio- De carácter déspota, malhumorada, gruñona, exigente de los privilegios de su cuna, representante de su todopoderoso hermano el primer marqués de Guisla, habla un suceso acontecido en Santa Cruz de La Palma en 1755 durante la Bajada de la Virgen. Al entrar María Liberata en el Convento de Santa Catalina y estando la iglesia llena de gente, quiso pasar a donde le correspondía por su rango, sin miramiento alguno "(...), tirando con el pie a la mujeres que no se levantaron luego" y gritando que era patrona del convento. Cuenta Jesús Pérez Morera en su tesis doctoral Arte y Sociedad en La Palma durante el antiguo régimen (1600-1773), que con su actitud hizo levantar a las mujeres que estaban sentadas delante de la tarima del coro de la iglesia por lo cual a una de ellas le dio una fatiga. María Liberata fue enterrada en la cripta de la capilla de la Victoria de la iglesia de San Andrés, con hábito en un ataúd acolchado, sin tapa y parcialmente cubierta de cal viva en un espacio de unos 10,60 metros cuadrados, de planta rectangular, con bóveda de ladrillos de barro, bancos o poyos laterales y presidido por una cruz. Unos días después mientras el sacristán rezaba escuchó voces y golpes que no sabía de donde procedían. Aunque le atormentaban las voces pidiendo auxilio cayó, no quería que lo tomaran por loco. Años después al volver a necesitar la cripta para otro enterramiento, posiblemente para el presbítero Ambrosio Arturo de Paz fallecido en 1814, cuentan que encontraron a María Liberata, fuera de su tumba y con un ladrillo en la mano. Fue entonces cuando el sacristán recordó y manifestó acongojado que él había escuchado lamentos y golpes pero por miedo a no ser creído no dijo nada. Y el suceso se convirtió en leyenda corriendo de boca en boca y generación tras generación por la isla que a María Liberata la habían enterrado viva. El que en la iglesia de San Andrés
fuese enterrada una mujer cuando aún vivía, sigue aún sobrecogiendo a las
gentes del lugar. En 1986 toma cuerpo de veracidad. Un equipo de arqueólogos
hicieron una excavación y después de estudiar los restos humanos hallados
manifestaron que la leyenda "tiene visos de realidad", ya que el cuerpo de
María Liberata aparecía en posición secundaria no en el sitio que le
correspondía por su cuna y posición. Después de 1814, en que enteraron a
Ambrosio Arturo de Paz, nadie más fue enterrado en esa cripta, por fin,
María Liberata descansa en paz de los malos humores y desplantes
totalitarios que la caracterizaron en vida. La leyenda aquí expuesta está extraída de la web del patronato de turismo de La Palma :http://www.lapalmaturismo.com/
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